¿Por qué hay tantas lenguas y tan distintas, si es que lo son?


[El presente texto es una versión en español de uno que se publicará en inglés en una revista que tiene una sección de Ciencia para mentes jóvenes. Aunque ZL se dirige a adultos, me ha parecido que el tono divulgativo lo hace apropiado. Además, se agradecen comentarios que me ayuden a hacerlo más comprensible y atractivo para mentes de 10-12 años]

Hace unos años, el Smithsonian’s National Museum of the American Indian organizó en California una exposición en homenaje a los llamados code talkers. La expresión code talkers se refiere al pequeño grupo de nativos navajos (y de otras etnias) que el ejército estadounidense empleó en la batalla del pacífico para codificar sus mensajes. El navajo, una lengua natural usada como sustituto del código de cifrado para las órdenes en inglés, resistió todos los intentos de descifrarlo de los expertos criptógrafos japoneses y contribuyó al desenlace favorable (a los EEUU) en la segunda guerra mundial.

Algunos lingüistas han interpretado este episodio como una interesante paradoja (una contradicción) relacionada con uno de los asuntos centrales de la ciencia del lenguaje: la tensión entre, por un lado, la diversidad evidente entre las lenguas y, por el otro, la unicidad del lenguaje humano como facultad común y específica de la especie. La paradoja reside en que, por una parte, el navajo parece ser una lengua extremadamente distinta del inglés (y del japonés), dado que los experimentados espías japoneses no pudieron descifrarlo (a diferencia de lo que hicieron con otros códigos artificiales), mientras que, por otra parte, el navajo tiene que ser también muy parecido al inglés, pues en caso contrario los intérpretes navajos no podrían haber transmitido con precisión las órdenes proporcionadas en inglés por sus mandos.

En efecto, tenemos razones claras para pensar que las lenguas humanas son muy diferentes. La prueba más evidente es que, normalmente, hablar una lengua concreta (por ejemplo el inglés) no te permite hablar y entender otras (por ejemplo el español o el ruso). Pero, por otra parte, también sabemos que el lenguaje es una propiedad común a todas las personas: todo lo que se dice en una lengua se puede traducir a otra y cualquier niño recién nacido puede aprender cualquier lengua del mundo con la misma facilidad.

¿Cómo podemos explicar esta contradicción? ¿Qué nos dicen estos hechos contradictorios sobre la naturaleza del lenguaje humano? Lo primero que necesitamos entender es por qué hay diferentes lenguas, esto es, por qué no hay una única lengua para todos los seres humanos. La sorprendente respuesta que dio uno de los lingüistas más importantes de la historia, Noam Chomsky, es que, en realidad, si un científico marciano examinara a nuestra especie concluiría que los seres humanos hablan todos las misma lengua. (No te preocupes, ¡sabemos que los científicos marcianos no existen!). Lo que Chomsky pretendía con esa afirmación es que nos situemos fuera de nuestra propia lengua, que nos es tan íntima y familiar, y que adoptemos un punto de vista más general, exactamente igual que como cuando analizamos los sistemas de comunicación de otras especies, como las ballenas o los pájaros. Como humanos, observamos que cada especie natural (ballenas azules, chimpancés, pájaros carpinteros o abejas) tiene un único sistema de comunicación, y no un montón de ellos. Y, en general, así es. Cada especie viene equipada con un sistema de comunicación propio que está biológicamente determinado. Eso implica que los individuos no lo tienen que aprender, sino que forma parte de su naturaleza, como las aletas, el pelo, el pico o el instinto de buscar polen. Y por esa razón el sistema de comunicación es el mismo para todos los miembros de la especie: si eres una ballena azul “hablas” como una ballena azul, no como una abeja.

‘¿Por qué habría de ser nuestra especie diferente?’ parece preguntarse Chomsky. Nótese que Chomsky y otros afirman que nuestra especie no es diferente porque se centran en la unidad del lenguaje humano, esto es, en el lenguaje como una propiedad específica de la especie humana, independientemente de las diferencias entre lenguas como el inglés y el japonés. Pero, claro, esa no puede ser toda la historia. Es un hecho que hay unas 6.000/7.000 lenguas diferentes en el mundo, esto es, unas 6.000/7.000 formas de hablar diferentes y que no permiten la mutua comprensión entre sus hablantes. De hecho, otros lingüistas, aquellos que se fijan más en las lenguas que en el lenguaje, han concluido que “languages can differ from each other without limit and in unpredictable ways” (Joos 1957: 96). Y también estos estudiosos tienen razón, al menos en parte.

¿De dónde salen todas esas lenguas si los humanos tienen todos el mismo lenguaje? Para responder esta pregunta tenemos que fijarnos con un poco más de detalle en el ‘lenguaje’ de otros animales, como las ballenas o los pájaros. Los etólogos (los que estudian en comportamiento de los animales) han observado que hay sutiles diferencias en los cantos de diferentes grupos de ballenas de la misma especie y en los cantos de diferentes grupos de pájaros de la misma especie. Así, muchos pájaros no se limitan a imitar el canto de los adultos, sino que producen ciertas innovaciones que hacen que las canciones que usan no sean idénticas a las que oyeron mientras se desarrollaban. Esto hace que sucesivas generaciones de pájaros oigan canciones ligeramente diferentes a las de la generación anterior, lo que tiene como resultado que los pájaros de la misma especie de diferentes regiones cantan canciones ligeramente distintas.

Pero esto no es muy diferente de lo que pasa con las lenguas humanas: todos tenemos la experiencia de haber comprobado que, incluso dentro de lo que consideramos una misma lengua, hay gente que habla de manera distinta, por ejemplo personas que residen en diferentes lugares de un mismo país suelen usar algunas palabras diferentes o pronunciar ciertos sonidos de manera diferente (es lo que los lingüistas llaman dialectos, esto es, diferentes maneras de hablar una misma lengua). Es importante señalar ahora que la diferencia entre dialectos y lenguas no es una diferencia de clase, sino una cuestión de grado de semejanza entre formas diferentes de hablar. Así, consideramos que dos formas distintas de hablar inglés son dos dialectos de una misma lengua (el inglés) porque esas formas se parecen mucho entre sí (normalmente sus usuarios se entienden mutuamente), mientras que consideramos que la forma de hablar de un inglés y la forma de hablar de un francés no son dialectos de la misma lengua sino de lenguas distintas porque esas formas se parecen mucho menos (y normalmente sus usuarios no se entienden mutuamente). Podría decirse que los usuarios de sistemas animales como el de las ballenas o los pájaros solo tienen ‘dialectos’ porque el margen de variación en el lenguaje animal es muy reducido, mientras que los usuarios del lenguaje humano no solo tienen dialectos, sino también ‘lenguas distintas’ (esto es, dialectos no inteligibles mutuamente) porque el margen de variación en el lenguaje humano permitido por la biología es mucho mayor que en el lenguaje animal.

La cuestión a responder, entonces, es por qué el lenguaje humano permite mucha más variación que el lenguaje animal. La respuesta tiene que ver con el tipo de animales que somos los seres humanos. Por supuesto, somos animales (no ángeles o espíritus), y como tales animales tenemos un lenguaje propio de nuestra especie, común a todas las personas y muy distinto del de otras especies. De ahí que se pueda decir que, a pesar de las diferencias entre lenguas, todos los seres humanos tenemos el mismo lenguaje. Pero, por otra parte, somos animales especiales, en el sentido de que estamos muchísimo más capacitados que los demás para aprender del entorno y desarrollar y transmitir cultura. Los seres humanos tenemos un periodo de crecimiento y aprendizaje mucho más largo que el resto de animales. Nacemos inmaduros (probablemente por el gran tamaño de muestra cabeza) y la naturaleza nos ha dotado de una increíble capacidad de aprender. Además, nuestro lenguaje es mucho más complejo y versátil que el de las otras especies, y por ello tenemos que pasar los primeros años de nuestra vida usando la interacción con nuestros semejantes para que el lenguaje se desarrolle plenamente.

Ya hemos visto que en buena parte del resto del reino animal el lenguaje propio de cada especie está biológicamente determinado y sus usuarios no tienen que aprenderlo del entorno. En esos casos no hay dialectos (ni, por supuesto, lenguas). Algunas especies, como las ballenas o ciertas aves, tienen una cierta capacidad de aprender partes del lenguaje del entorno (dentro de una clara limitación impuesta por la biología de cada sistema) y ello provoca que puedan surgir dialectos en individuos que viven en zonas diferentes. El caso de los animales humanos es una versión mucho más acentuada de estos últimos ejemplos. La naturaleza nos ha diseñado para tener que aprender del entorno una buena parte de nuestro lenguaje, lo que tiene como consecuencia que no solo es normal que surjan dialectos diferentes, sino que éstos se diferencien tanto unos de otros con el paso del tiempo y el aislamiento de los grupos humanos que acaben dando lugar a lenguas distintas. De hecho, lenguas tan diferentes como el inglés, al alemán, el noruego o el islandés no hace mucho eran diferentes dialectos de una misma lengua, que los lingüistas llaman proto-germánico.

dogsPero ello no implica que las diversas lenguas humanas no compartan un conjunto esencial de rasgos de diseño propios de nuestra especie. Para hacernos una idea de cómo puede ser esto, pensemos en las distintas variedades o razas de los perros. Como puede apreciarse en la figura 1, los distintos individuos de la foto son muy diferentes en color, tamaño, tipo de pelo, forma de la cabeza y de las orejas, etc. Pero todos ellos son perros, y no hay algunos que sean más o menos perros que otros. A todos ellos subyacen propiedades comunes internas que los definen como una clase natural, aunque muestren una exuberante diferencia en sus rasgos superficiales.

childrenO consideremos la imagen de la figura 2. Todos son niños de la misma especie, aunque es cierto que tienen rasgos superficiales distintos (como el color del pelo, el tono de la piel o el color de los ojos). La cuestión importante ahora es: ¿cuántas sonrisas diferentes hay en la foto? Solo una. Una sonrisa humana.

Las lenguas parecen diferentes, pero como son variaciones de una misma facultad del lenguaje, podemos decir que todas ellas sirven para las mismas funciones, tienen el mismo grado de desarrollo y merecen el mismo respeto.

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