¡Es la estructura, insensatos! (primera parte: recursividad)


En un reciente artículo publicado en la influyente Frontiers in Psychology, Christiansen y Chater (2015) proponen, con el provocador (y elocuente) título de “The Language Faculty that Wasn’t”, terminar de liquidar por completo la venerable noción de Facultad del Lenguaje (FL) de la tradición chomskiana. Su objetivo expreso es argumentar precisamente que no hay una FL, esto es, que el lenguaje no tiene un origen biológico, sino que es un objeto puramente cultural:

“it is time to return to viewing language as a cultural, and not a biological, phenomenon” (Christiansen y Chater 2015: 14).

Es curioso, pero en un libro reciente escrito a medias con Juan Carlos Moreno titulamos un capítulo como “The Paradox of Languages without a Faculty of Language” para remarcar lo inadecuado y contradictorio de la tradición que representan Christiansen y Chater (y otros muchos como Deacon, Hurford, Kirby o Briscoe) y ahora, ellos mismos (por supuesto sin citar nuestra aportación), titulan sus conclusiones como “Language Without a Faculty of Language”).

La estrategia (ciertamente inteligente) que emplean los autores para terminar de liquidar la FL es precisamente la de “unirse” a la deriva minimalista chomskiana y centrarse en atacar el último reducto de la FL tal y como se postula en el actual programa minimalista: la recursividad del sistema computacional.

En efecto, como es bien sabido, el desarrollo minimalista de la gramática generativa en los últimos veinticinco años ha ido reduciendo el peso de lo postulado como biológicamente especificado para el desarrollo del lenguaje en sus modelos teóricos de la FL, planteando que quizá lo único que haya que postular como específicamente humano y específicamente lingüístico de nuestra capacidad para aprender, conocer y usar las lenguas naturales sea un sistema computacional recursivo que genera de manera ilimitada estructuras jerárquicas binarias y endocéntricas. Llamemos Sistema Computacional Humano (SCH) a tal componente, siguiendo un uso habitual. El SCH es lo que en la influyente propuesta de Hauser, Chomsky y Fitch (2002) se denominaba la facultad del lenguaje en sentido estricto y es lo que recientemente Chomsky (en la introducción al volumen que conmemora los 50 años de la publicación de Aspects) ha caracterizado como la propiedad básica del lenguaje humano, esto es, la que está detrás del famoso “uso infinito de medios finitos” de Humboldt (al que, por cierto, Christiansen y Chater también citan).

A diferencia de ineficaces intentos anteriores de argumentar contra el SCH aduciendo que algunas lenguas humanas no tendrían estructuras recursivas (como en el célebre caso de Daniel Everett y la lengua pirahã), Christiansen y Chater (C&C en lo sucesivo) plantean una alternativa más radical, pues proponen que en realidad ninguna lengua tiene un sistema computacional recursivo:

“[T]he recursive character of aspects of natural language need not be explained by the operation of a dedicated recursive processing mechanism at all, but, rather, as emerging from domain-general sequence learning abilities”.

Según los autores, pues, la complejidad estructural de la sintaxis de las lenguas humanas (esa que precisamente sería la consecuencia de la aplicación de un mecanismo recursivo de generación de estructura) en realidad no sería tal, sino que sería una complejidad aparente. Nótese que afirman que el “carácter recursivo” de las expresiones lingüísticas emergería de una capacidad general de aprender secuencias lineales, lo que equivale a decir que la estructura sintáctica que subyace a las expresiones lingüísticas sería lineal, esto es, secuencial. Lo que en realidad viene a ser lo mismo que ignorar la teoría sintáctica de los últimos sesenta años como si no existiera.

Pero para un lingüista implicado en el estudio de la sintaxis de las lenguas naturales la situación es similar a aquella en la que alguien publicara un artículo en una revista de física diciendo que eso de la mecánica cuántica es una complicación innecesaria, una invención de los físicos, y que con el modelo de Newton y, como mucho, la teoría de la relatividad, es más que suficiente para explicar la estructura de la realidad. Puede parecer que estoy exagerando (para empezar, tal artículo nunca se publicaría), pero no es así en lo relativo a sugerir que la complejidad del objeto de estudio es más una invención del investigador que un atributo real del mismo, pues es lo que hacen Christiansen y Chater:

“What needs to be explained is the observable human ability to process recursive structure, and not recursion as a hypothesized part of some grammar formalism” (Christiansen y Chater 2015: 3).

Mas nótese el potencial problema: si los humanos no estamos dotados de un sistema computacional recursivo, sino que (como dice expresamente su propuesta) solo podemos usar mecanismos generales de aprendizaje de secuencias complejas para procesar estructuras recursivas, entonces no queda claro de dónde procederían esas “estructuras recursivas” que (según alegan) somos tan torpes procesando. Pero veamos primero de qué estamos hablando cuando hablamos de recursividad y después volveremos a la propuesta concreta de estos autores y sus implicaciones.

C&C, como tantos otros antes (incluyendo muchos generativistas), confunden la recursividad como propiedad de un sistema computacional (que es de lo que ha hablado Chomsky desde 1955 hasta hoy) con las llamadas estructuras subordinadas recursivas, esto es, cuando una oración contiene una oración, o cuando un sintagma nominal contiene un sintagma nominal. Las segundas son consecuencias rutinarias de la primera, pero en modo alguno se trata de lo mismo.

Como ha mostrado con claridad David Lobina (a quien, por cierto, C&C citan sin síntomas visibles de haberlo leído con detalle), cuando Chomsky habla de recursividad no se refiere a la existencia de “estructuras recursivas” del tipo de El hijo de la vecina de mi tía, sino que se refiere al carácter generativo de las gramáticas de las lenguas humanas.

Dado que la capacidad de la memoria humana es claramente sobrepasada por la creatividad del lenguaje humano, en el sentido de que no podemos abarcar un listado completo de todas las oraciones gramaticales (ni de todas las oraciones agramaticales) de una lengua, Chomsky propuso en los años 50 del siglo pasado, como paso fundamental en la fundación de la lingüística como ciencia cognitiva, que había que atribuir a la mente/cerebro del hablante un sistema computacional (una gramática generativa) que produce recursivamente el conjunto de oraciones gramaticales, un conjunto, en principio, indefinido o potencialmente infinito.

El uso de recursivamente en el párrafo anterior merece explicación, pues es la fuente de los errores señalados. Esta noción de recursividad (como propiedad de un sistema computacional) entronca directamente con la lógica matemática de los años 30 y 40 del siglo XX (asociada a nombres pioneros en la teoría de la computabilidad como Gödel, Post, Church o Turing) y que tuvo una influencia directa y decisiva en el Chomsky de los años 50. En los manuales de lógica matemática en los que se formó Chomsky (véase Lobina 2014 para citas concretas), la noción matemática de recursividad era cuasi sinonímica con la de computablidad, de manera que ‘recursivo’ venía a significar ‘computable’. De hecho, en el uso original de Chomsky, una gramática generativa no es sino una definición recursiva de un conjunto específico (el de las oraciones generadas por la misma). Se habla de una definición recursiva en el sentido en el que Post había mostrado con sus sistemas de producción cómo de axiomas finitos se podían generar/computar conjuntos infinitos. Y eso es precisamente lo que interesaba a Chomsky para capturar la famosa propiedad de la infinitud discreta o, como decía el viejo Humboldt, el uso infinito de medios finitos.

Una función recursiva es, pues, una función autorreferencial, en el sentido de que se define especificando sus valores en términos de valores previamente definidos por la propia función o, en otras palabras, una función que “se llama a sí misma” en el proceso de derivación.

Consideremos como ejemplo, siguiendo a Lobina, la función factorial de un número n. En la notación de la antigua EGB que tuve el honor de padecer, el factorial de n es n!, esto es, n! = n x (n-1) x (n-2), etc. Si n = 1, entonces n! = 1 (este es el caso base); si n es mayor que 1, o sea, n > 1, entonces n! = n x (n-1)!, y ahí tenemos el paso recursivo en todo su esplendor. El factorial de n invoca el factorial de n-1. Así, por ejemplo para n = 5, tenemos 5! = 5 x (4!) y para 4! tenemos que 4! = 4 x (3!) y así sucesivamente (y recursivamente) hasta llegar al caso base.

De manera relevante, nótese que aquí está el germen de la confusión, tan lesiva, entre (i) la recursividad como propiedad formal de un sistema computacional (el uso de Chomsky) y (ii) la recursividad como una instancia particular en la que una categoría dada contiene a una categoría de la misma clase (lo que solemos llamar “estructura recursiva” en lingüística). En la notación de la gramática generativa original, por ejemplo, la regla SN -> N (P + SN) contiene el símbolo SN a ambos lados de la flecha, lo que erróneamente se identifica con la recursividad como propiedad formal del sistema de reglas. Es un error comprensible, pero un error grave. Lo que Chomsky (tanto antes como después de su famoso artículo con Hauser y Fitch de 2002) postula como central y característico del lenguaje humano es la recursividad en sentido computacional, no la existencia de oraciones dentro de oraciones o la existencia de sintagmas nominales dentro de sintagmas nominales. Lo predicho es que en todas las lenguas se pueden generar un número ilimitado de expresiones gramaticales, esto es, en las que hay una relación sistemática entre sonido y sentido, esto es, que son computables.

Así, cuando lingüistas como Everett o C&C (entre otros muchos) intentan demostrar que no existe un sistema computacional recursivo detrás de la estructura de las lenguas argumentando que no existen estructuras recursivas (en una lengua en concreto o en ninguna), en realidad no están disparando a la diana correcta, al margen ahora de si aciertan o no en el blanco (esto es, al margen de que haya o no haya lenguas sin subordinación isomórfica -por usar una expresión menos confusa-, una cuestión discutible pero irrelevante ahora).

La reglas de estructura de frase y transformacionales del modelo estándar han sido reemplazadas en el modelo minimalista por la operación de ensamble (merge). Y precisamente lo que preserva claramente ensamble es la recursividad en el sentido descrito. Así, ensamble es una operación (una función) que toma dos objetos sintácticos W y U y los une formando W (W, U) que a su vez vuelve a ser el input de ensamble y resulta otro objeto sintáctico (digamos Z), según el siguiente esquema, que pretende mostrar el paralelismo con la función factorial antes comentada (E está por la función de ensamble):

X = E (X, Y), donde Y = E (Y, Z), donde Z = E(Z, W), donde W = E(W, U), etc.

Lo que observamoarbol2s, toscamente, es que la función de ensamble se aplica iteradamente de derecha a izquierda para generar el objeto X y que el objeto X se define recursivamente por la aplicación de ensamble a los objetos sintácticos inferiores, a su vez formados por ensamble. La estructura creada por ese proceso sería la que tenemos representada en la figura.

Lo que habría que demostrar para terminar de liquidar la FL minimalista es entonces que la estructura sintáctica de las lenguas humanas no tiene la configuración jerárquica de constituyentes del esquema, sino que es puramente lineal o secuencial, esto es, más o menos así: X = Y, Z, W, U, etc.

Decía al principio que el ataque a la FL minimalista de C&C era más radical que el de Everett porque no se limitan a señalar un posible contraejemplo a la supuesta universalidad de la subordinación isomórfica (la famosa lengua pirahã), sino precisamente porque usando el mismo tipo de argumentación (la supuesta ausencia de subordinación isomórfica o de “estructuras recursivas”) acaban planteando que la sintaxis de las lenguas es secuencial, esto es, lineal. Y eso es todavía peor.

(Continuará)

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