Archivos del mes: 30 abril 2013

Danés, sesquilingüismo y otras patologías

Uwe-ZL

Como si fuera un torero de los de antes, Uwe Kjær Nissen se encerró con un puñado de lingüistas y estudiantes en el cuarto taller de lenguas de ZL para desgranar ante nosotros los rudimentos de la lengua de Hans Christian Andersen. El ejercicio fue, además de estimulante,
muy meritorio, ya que el joven profesor danés se sometió a la tortura de hablar del danés en español, cuando lo que hace habitualmente es hablar del español en danés.

La exposición-discusión de cuatro horas sirvió para hacernos entender por qué los noruegos dicen que el danés, más que una lengua, es una patología de la garganta. Tras una completa revisión de los contrastes entre las lenguas danesa y española a los ojos del aprendiz de una u otra, el marcador final reflejó un empate técnico, haciendo evidente de nuevo que lo que una lengua complica por un lado lo simplifica por otro.

Al margen ahora del frondoso vocalismo y de los espeluznantes compuestos del danés, había observado que en las novelas de Henning Mankell los personajes suecos pasan a Dinamarca constantemente, y allí hablan con los daneses como si nada. Las traducciones al español no reflejan qué pasa ahí, y el profesor Nissen me confirmó que, en efecto, si hablan con cierto esmero, los suecos, los daneses y los noruegos se pueden comunicar fluidamente usando cada uno su respectiva lengua. De hecho, esa es una aptitud (y actitud) que se cultiva en la escuela primaria, algo realmente admirable y saludable para lenguas tan relativamente minoritarias, y que podría servir de ejemplo para otras partes del mundo.

Creo que fue el gran lingüista norteamericano Charles F. Hockett (1916-2000) quien primero usó el término sesquilingüismo para referirse a esa situación curiosa en la que una persona, más que bilingüe (que tiene dos lenguas), tiene una lengua y media, en el sentido de que domina una y se defiende en otra. Otra interpretación del término sesquilingüismo, la que prefiero ahora, es aquella que describe la capacidad de una persona de entender una lengua aunque no pueda hablarla (también podría referirse a la capacidad de hablar una lengua y no entenderla, pero eso no suele pasar). Esa asimetría es aparentemente universal y se produce en muchos ámbitos: así, un español de Albacete puede entender bastante bien a un bonaerense, aunque no pueda hablar como él; para ese mismo albaceteño será más fácil entender el italiano o el catalán que hablarlos y, en general, a todos nos suele ser más fácil leer en una lengua que no dominamos que escribir en ella.

En un libro de hace unos años (De Babel a Penecostés. Manifiesto Plurilingüista, Horsori, Barcelona, 2006) el lingüista madrileño Juan Carlos Moreno Cabrera proponía como alternativa a la tendencia al monolingüismo de nuestro mundo actual la extensión del sesquilingüismo. Lo que proponía Moreno para preservar el plurilingüismo no era que los sistemas educativos se reformen para formar políglotas completos, pues eso no es realista ni viable, sino que se orienten hacia la comprensión de otras lenguas, especialmente las más cercanas genética y geográficamente. La idea puede parecer utópica y hasta descabellada, pero en modo alguno es así.

El punto de partida, por así decirlo, nos lo da la historia compartida. Cualquier hablante del español puede entender sin demasiado entrenamiento a un hablante del catalán, del gallego o del italiano, siempre que esté dispuesto y motivado a hacerlo. Con un poco más de motivación y entrenamiento, podrá entender a un francés, a un rumano y, claro está, con mayor entrenamiento aún, a un inglés, a un alemán, a un ruso. La idea clave es que es mucho más barato, realista y saludable formar sesquilingües que formar bilingües perfectos, por la simple razón de que es mucho más fácil y gratificante aprender a entender una lengua que aprender a hablarla perfectamente. Si, pensando en un país como España, se invirtieran el tiempo y los recursos educativos que se invierten en intentar fabricar hablantes (deficientes) de inglés en formar semihablantes (más bien oyentes) eficientes de media docena de lenguas (incluyendo el inglés), los resultados serían mucho más beneficiosos, no sólo para la causa de la preservación de la diversidad de las lenguas, sino también para el flujo de la comunicación.

Hagamos un experimento mental e imaginemos el resultado de una buena educación sesquilingüística: Juan Pérez, de Albacete, podría terminar sus estudios medios siendo capaz de entender (¡no necesariamente hablar!) catalán, gallego, inglés, francés, italiano, portugués, rumano y alemán. Y quizá, con un esfuerzo mayor y ya en función de su trayectoria profesional y vital posterior, acabaría entendiendo también el ruso o el vasco, quizá el árabe, o quizá el chino. Es importante insistir en que llegar a hablar esas lenguas correctamente podría llevar a Juan Pérez toda una vida de estudio y dedicación (sin garantías de éxito). Pero no se trata de eso. Se trata de que a Juan Pérez se le proporcionara la información básica y, sobre todo, la motivación para hacer el esfuerzo de entender a los demás en su lengua, un esfuerzo que se vería ampliamente recompensado por el esfuerzo de los demás por comprender la suya. Así, nuestro Juan Pérez hablaría en español a sus clientes ingleses y éstos le contestarían en inglés, se dirigiría en español a sus amigos de Mallorca y éstos le responderían en catalán, contestaría en español a las preguntas en italiano de sus colegas de la delegación en Milán, etc.

El hablante de una lengua minoritaria, como lo es el catalán en España, también saldría beneficiado. Lo esperable sería que Pere Mateu, de Tarragona, hablara en catalán no sólo a otros hablantes de catalán, sino también a los hablantes de español de Tarragona y a los hablantes de español y de otras lenguas del resto del país, puesto que todos entenderían el catalán (incluyendo a los Diputados del Congreso). Igualmente sería plausible que pudiera hablar en catalán a italianos y franceses, aunque quizá sería menos realista esperar que entendieran catalán los hablantes nativos del inglés o del alemán. En esos casos tendría que usar una lengua distinta, como el inglés o el español (¡o el chino!). Pero los hablantes nativos de lenguas minoritarias ya saben que tienen que adquirir cierta destreza activa en alguna lengua que tenga más probabilidad de ser comprendida, es lo habitual. El sesquilingüismo no implicaría la renuncia a hablar otras lenguas sino que, al contrario, lo estimularía.

¿Utópico? Quizá sí, pero divertido de imaginar.

Uwe, tak for i går!

Últimos días para la preinscripción en el taller de lenguas. Sesión gratuita

Abro esta entrada para recordaros que el próximo lunes 29 de abril tendrá lugar la próxima sesión del taller de lenguas de ZL. Todavía con el buen sabor de boca que nos dejó la sesión de Nugunu, dedicaremos la tarde a escuchar al Dr. Uwe Kjær Nissen que nos hará una introducción a la lengua danesa.

Los que aún no lo habéis hecho, podéis preinscribiros escribiendo un mensaje al correo mhorno@unizar.es. Todavía quedan libres algunas plazas.

Y a los que ya os habéis preinscrito, este fin de semana recibiréis un correo electrónico con toda la información, pero ya os puedo adelantar que ha habido un cambio de última hora y esta vez no será en la Sala de Juntas: nos vemos el lunes a las 16 h, en la Sala IV de la Facultad.

 

De cómo una institución puede cerrar caminos a sus alumnos porque sí

charla-zl1 La sesión de Zaragoza Lingüística del día 17 de abril fue un éxito total de público, como se aprecia en la instantánea que acompaña a estas líneas. Se comprueba en la misma que el nutrido público (parte del cual hubo de permanecer de pie) consta mayoritariamente de jóvenes estudiantes, la mayoría de grado. No era para menos, ya que la ponente invitada hizo una presentación amena, brillante y muy informativa de en qué consiste la profesión de profesor de español como lengua extranjera.

Alicia Clavel, una profesional con muchos años de docencia de E/LE a sus espaladas y con una sólida trayectoria de formadora de profesores y de creadora de materiales docentes, desgranó ante la audiencia toda la información necesaria para iniciar -y mantener en el tiempo- una carrera profesional en el mundo de la enseñanza de lenguas: describió la formación requerida, los mejores másteres y estudios propios especializados, las actitudes y aptitudes necesarias, dónde y cómo buscar trabajo y hasta cómo y cuándo saltar al ámbito de la investigación en lingüística aplicada. Todo ello con una mezcla de pasión por la profesión y de amor por la lengua más dignas de una misionera del español que de alguien que simplemente se gana la vida (pronto en este mismo blog informaremos de la posibilidad de acceder a la grabación en vídeo del evento y el lector interesado juzgará si exagero).

Pero esa exitosa sesión tuvo además una significación notable, y hasta irónica, en el contexto del recientemente finalizado proceso de remodelación de los estudios de máster llevado a cabo por la autoridades académicas de la Universidad de Zaragoza (iniciado en junio de 2011 y resuelto en diciembre de 2012). Me voy a limitar a presentar los trazos esenciales del sorprendente proceso por el que dicha Universidad acordó no implantar un máster oficial de formación de profesores de español como lengua extranjera, frustrando así las expectativas profesionales de sus egresados. Los detalles del proceso se pueden hallar en este documento (Declaracion-publicaLGH-16-3-2013) aprobado por unanimidad por el Consejo de Departamento para expresar su protesta.

El Departamento de Lingüística General e Hispánica, al que pertenecemos los miembros del grupo Sylex, elaboró en el seno de ese proceso una propuesta de Máster de formación en ELE para cuya impartición cuenta con inmejorables perspectivas, según los indicadores aprobados por la propia Universidad: una plantilla de profesorado con acreditada y amplia experiencia en ELE (no en vano tenemos los cursos de verano de Jaca entre los decanos en España), la inexistencia de una oferta semejante en varias de las universidades más próximas a Zaragoza, la creciente demanda de este tipo de estudios y, por lo tanto, unas excelentes previsiones de matriculación. La Junta de la Facultad de Filosofía y Letras avaló el proyecto con un apoyo mayoritario y superior al recibido por el resto de propuestas.

Resultado tras casi un año sin noticias del procedimiento: rechazo inapelable de la propuesta, comunicado además solo dos días antes de que se materializara el acuerdo (tomado en Consejo de Gobierno del 13 de diciembre pasado). Ante semejante rechazo uno espera explicaciones. Por ejemplo que, dado lo limitado de los recursos, se han priorizado las propuestas mejor baremadas, las que mejor cumplían los requisitos planteados en la convocatoria, las mejor posicionadas estratégicamente, etc. Pues no, nada de eso, sino opacidad total. Simplemente, parece que ‘no tocaba’.

Ya sabemos que siempre se trata de repartir un pastel y que todos queremos una parte, pero esperamos que los criterios del reparto sean justos y transparentes, y que no parezca que todo depende de presiones y de relaciones personales. Tras la lectura del documento citado, que recomiendo vivamente, la conclusión personal a la que llego es que en este asunto las autoridades académicas de la Universidad de Zaragoza y las de su Facultad de Filosofía y Letras no han primado en su toma de decisiones el interés y beneficio de los estudiantes (a quienes se dirigen los títulos oficiales), ni la calidad y coherencia de las propuestas (pues se aprobaron algunas que estaban prácticamente sin redactar), sino que nuestros representantes se han movido en una nebulosa de factores distorsionadores, tales como, entre otros posibles, la desinformación científica y académica sobre una profesión regulada por el Consejo de Europa, la ignorancia de la demanda actual de profesores bien formados en E/LE en todo el mundo, la debilidad ante las presiones interesadas de otros grupos de poder internos y de otros departamentos del Centro, y, por qué no decirlo, una cierta desidia al tomar decisiones sin calibrar las consecuencias de las mismas para varias promociones de graduados y para la propia institución.

Nueva Sesión del Taller de Lenguas: una introducción al danés

El próximo 29 de abril, lunes, vuelve a Zaragoza Lingüística el taller de lenguas. En esta ocasión tenemos que agradecer, en primer lugar, a nuestro compañero José Luis Aliaga que nos pusiera en contacto con el ponente y que lo arreglara todo para que esta sesión se realizara. Gracias a sus gestiones, el Dr. Uwe Kjær Nissen, de la U. Syddansk Universitet, nos presentará una introducción a la lengua danesa y nos mostrará aquellos aspectos en los que esta lengua difiere en mayor medida de la nuestra.

El Dr. Kjær está de visita Erasmus en nuestro Departamento y nos ofrece generosamente esta sesión de cuatro horas, de entrada gratuita. Comenzará a las cuatro de la tarde en la Sala de Juntas de nuestra facultad y terminará a las ocho y media, con media hora de descanso (de seis a seis y media, aproximadamente).

Los interesados deben preinscribirse con antelación, mandando un mensaje al correo electrónico de mhorno@unizar.es. Las plazas son limitadas y se tendrá en cuenta el orden de preinscripción.

Esperamos que os resulte interesante nuestra oferta y os recordamos que las horas de estas sesiones se pueden sumar al resto de actividades ofertadas por ZARAGOZA LINGÜÍSTICA para el reconocimiento de créditos de libre elección. Usad nuestro correo electrónico sylex@unizar.es para preguntar sobre este particular, o sobre cualquier otro asunto relacionado con nuestras actividades.

¿Cambios lingüísticos inconclusos?

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En la conferencia ofrecida por Adolfo Elizaicín en el marco de ZL, el profesor uruguayo contó una anécdota maravillosa. Estando él en un colmado en una ciudad fronteriza entre el Urugay y Brasil entró un niño preguntando ¿Tiene pan? a lo que el tendero, para sorpresa del investigador, respondió Sí, tiene (y no, Sí, tengo). Todo cobra sentido para el resto de los hispanohablantes si entendemos tiene como hay, y reescribimos el diálogo como ¿Hay pan?, Sí, hay. Lo que el ejemplo ilustra es cómo, por influencia del portugués, en el español de esa zona el verbo tener ha completado la sustitución del verbo haber iniciada en los albores de la fragmentación romance.

Lo que me llamó más la atención es que Elizaicín presentó la situación actual del español estándar, esto es, de la mayoría de variedades del español en las que haber se mantiene como el verbo de los tiempos compuestos (he comido, he venido) y como impersonal/existencial (hay), como un cambio inconcluso.

Claro, el cambio es inconcluso si consideramos el estado del español comparado con el del portugués. Así, en ambas lenguas románicas (como en tantas otras) el verbo latino de posesión habere fue sustituido tempranamente por el verbo tenere para usos estrictamente léxicos de posesión y relegó a habere a usos gramaticalizados (esencialmente la formación de los perfectos compuestos y el uso existencial). Sin embargo, en portugués (y en parte en español), el verbo tenere no se ha quedado ahí y ha avanzado más en la sustitución, reemplazándolo también en usos no posesivos, prácticamente eliminando los restos de haber de esa lengua (así en portugués actual se prefiere claramente ‘tengo leído’ a ‘he leído’ y hasta ‘tengo llegado’ a ‘he llegado’). Por decirlo así, al tener portugués le ha pasado lo mismo que le pasó al habere latino, iniciando de nuevo el proceso de gramaticalización.

Nótese que parece darse la impresión de que dado que en un caso (el portugués) se ha completado la sustitución de haber por tener, y dado que en otro caso (el español) dicha sustitución se ha hecho de manera más reducida, habría que esperar que en el segundo caso la sustitución se completara, o el cambio sería inconcluso. Por ello la noción de cambio inconcluso me parece desafortunada fuera de ese contexto relativo, porque induce al mantenimiento de prejuicios y malentendidos sobre el cambio lingüístico que deberíamos eliminar, tales como la idea de que los cambios lingüísticos tienen una finalidad, de que hay un punto de destino fijo al que las lenguas tienen que llegar, de que hay lenguas más evolucionadas o desarrolladas que otras, o de que hay lenguas que progresan (cambian) más que otras.

Sin embargo, no disponemos de ninguna evidencia empírica de que las cosas sean así: no hemos podido comprobar nunca que las lenguas del pasado (tanto las que hemos documentado como las que se han reconstruido) fueran menos eficientes, menos funcionales, más difíciles de aprender o más difíciles de procesar que las lenguas actuales y, por tanto, no tiene ningún sentido decir que los cambios son direccionales. Decía Darwin (hablando del cambio en las especies naturales) que no hay más designio en la variabilidad de los organismos y en la acción de la selección natural que el que hay en la dirección en la que sopla el viento, y lo mismo exactamente se aplica al cambio en las lenguas (como decía August Schleicher en su reseña al Origen de las especies, ‘sin necesidad de cambiar una coma’).

Como recalcó Elizaicín, el cambio lingüístico se genera en la existencia de variación y en la subsiguiente transmisión diferencial de las variantes a las generaciones posteriores y, exactamente igual, la evolución natural se basa en la existencia de variación y en la transmisión diferencial de las variantes a las generaciones posteriores. Ni en la generación de variación (sean mutaciones genéticas o reanálisis lingüísticos) ni en la selección de variantes que perduran (sea por selección natural o por selección social) existe designio, intención o planificación.

Claro que, aunque es un proceso ciego y azaroso, no es caótico ni exento de factores restrictores. De la evolución natural emerge cierto orden (la adaptación eficiente al entorno) y del cambio lingüístico también (la usabilidad de las lenguas) y precisamente de esa sensación de orden emergente (reemergente, deberíamos decir, pues en ningún caso se procede de especies ineficientes a especies eficientes, ni de lenguas ineficientes a lenguas eficientes) tenemos la tentación de extraer una explicación para los cambios, pero esa es una trampa argumental que confunde la explicación causal con la explicación final.

En biología evolutiva ya hace mucho que esa tentación pasó a la historia (fuera del contexto no científico de la llamada teoría del diseño inteligente); ya es hora de que en lingüística histórica hagamos lo mismo.

Lenguas, bizcochos y code talkers

navajocodetalkers

Hace ahora un año que el Smithsonian’s National Museum of the American Indian organizó en California una exposición en homenaje al papel, al parecer decisivo, de los llamados code talkers en la Segunda Guerra Mundial. La expresión code talkers se refiere al pequeño grupo de indios navajos (y de otras etnias) que el ejército estadounidense empleó en la batalla del pacífico para codificar sus mensajes. Al parecer, en una fase del enfrentamiento contra los japoneses en 1943 en torno al archipiélago de Bismark, el alto mando norteamericano detectó que diversos fracasos de sus tropas estaban relacionados con que los japoneses descifraban sus mensajes, anticipándose a sus movimientos. El uso del navajo, una lengua natural, como código de cifrado para las órdenes en inglés resistió todos los intentos de los expertos criptógrafos japoneses y contribuyó al desenlace final favorable (a los norteamericanos) en dicho episodio bélico. Lo que no suele mencionarse en las webs americanas que relatan la anécdota es que el uso de armas nucleares de destrucción masiva también tuvo algo de influencia en tal desenlace.

Pero no es el uso de esas lenguas como armas de guerra lo que motiva mi comentario, sino que al encontrar la noticia he recordado el uso que hace de ella Mark Baker en su excelente y poco conocido libro de 2001 The Atoms of Language, que no es otro que el de formular el episodio como una paradoja relacionada con uno de los asuntos centrales de la ciencia del lenguaje: la tensión entre, por un lado, la diversidad evidente entre las lenguas y, por el otro, la unicidad del lenguaje humano como facultad común y específica de la especie.

La paradoja reside en que, por una parte, el navajo tenía que ser una lengua tan extremadamente distinta del inglés (y del japonés) como para que los experimentados espías japoneses no pudieran descifrarlo (a diferencia de lo que hicieron con otros códigos artificiales), mientras que, por otra parte, el navajo tenía que ser también extremadamente parecido al inglés, pues en caso contrario los intérpretes navajos no podrían haber transmitido con precisión las órdenes proporcionadas en esta lengua por sus mandos.

La resolución de la paradoja está precisamente en la esencia (independientemente de su formulación específica) de la teoría paramétrica. Y la lógica que subyace a la teoría paramétrica es la de que la relación entre el lenguaje y las lenguas es deductiva y no inductiva. La idea es que del lenguaje se deducen las lenguas y no, como sugiere el modelo de Greenberg, que de las lenguas se induzca el lenguaje. Por tanto, los universales lingüísticos no son lo que las lenguas tienen en común, sino los principios comunes que determinan su desarrollo. Tal y como lo formula Baker (2001: 233), las lenguas son significativamente diferentes, pero conmensurables. Siguiendo una metáfora que él sugiere, podría decirse que las lenguas son como distintos tipos de bizcochos: pueden cambiar mucho en su aspecto y textura en función de la cantidad de cada ingrediente que añadamos, pero la receta es siempre la misma. Como dice Baker, ‘las estructuras de las oraciones del Mohawk son diferentes de las del japonés, que son diferentes de las del inglés, pero las diferencias son sistemáticas y predecibles’ (si conocemos la receta, claro).

Sesión Extraordinaria del Seminario de ZL

El próximo 15 de abril, lunes, a las 17:30h, en la sala de Juntas de la Facultad de Filosofía y Letras, el profesor Dr. Adolfo Elizaincín, Profesor Emérito de la Universidad de la República y Presidente de la Academia Nacional de Letras de Uruguay, nos presentará la conferencia:

Contacto, variación y cambio entre el español y el portugués

(la frontera Uruguay/Brasil)

A propósito de la situación de contacto que se da en una frontera sudamericana entre el portugués y el español, se explica el funcionamiento del modelo que he utilizado para su estudio, a saber el que relaciona el contacto con la variación y el cambio lingüísticos,  partiendo de la base del protagonismo del problema del cambio en toda la lingüística.
Se procede luego a explicar la evolución de la sustitución del verbo latino habere por tenere en los contextos en que esto sucede y con una óptica de contrastividad español/portugués.
Finalmente se explica el comportamiento, también en forma contrastiva, del verbo esp. gustar, port. gostar

Esperamos que os resulte interesante nuestra oferta y que podáis acudir a esta cita que, como suele ser habitual en ZL, es de entrada libre y gratuita.

Próxima actividad ordinaria de ZL: abril de 2013

El próximo 17 de abril, miércoles, a las 18:00h, en la sala IIIb de la Facultad de Filosofía y Letras, la profesora Alicia Clavel, formadora de profesores y colaboradora en el área de Ordenación Académica del Instituto Cervantes, nos presentará la conferencia:

Ser profesor de español hoy: un reto profesional.

En la actualidad, y según datos del Anuario del Español en el mundo del Instituto Cervantes (2012), unos 18 millones de alumnos estudian español, una lengua que ya es la segunda herramienta de comunicación internacional. Las claras perspectivas de crecimiento convierten a esta apasionante profesión en una oportunidad que, todo aquel  que sueña con aprovechar, a menudo desconoce. Y es que llegar a formar parte de esa extensa y especializada red de docentes de ELE repartida por todos los rincones del mundo supone asumir un largo recorrido de aprendizaje y estar dispuesto a enfrentar siempre nuevos retos y desafíos. En esta conferencia, ofrecemos orientaciones básicas y prácticas a los interesados sobre los primeros pasos que permitan iniciar, con buen pie, esta andadura.

Esperamos que os resulte interesante nuestra oferta y que podáis acudir a esta cita que, como suele ser habitual en ZL, es de entrada libre y gratuita.

El gigante Chomsky y la pequeña abeja

Somos legión los que pensamos que Noam Chomsky es no solo el lingüista vivo más importante, sino que es el el lingüista más relevante de la larga historia de nuestra disciplina. Nadie ha tenido nunca antes tanta influencia en cómo se ha desarrollado el estudio y el conocimiento del lenguaje humano, incluyendo aquí a los centenares de lingüistas que parecen motivados únicamente por demostrar que Chomsky no tiene siempre razón, cosa por otra parte evidente.
Este arranque de devoción y reconocimiento viene motivado por la reciente noticia de que un entomólogo canadiense, Cory Sheffield, ha bautizado como Megachile chomskyi a una nueva especie de abeja cortadora de hojas descrita en Texas (http://www.pensoft.net/journals/zookeys/article/4674/a-new-species-of-megachile-latreille-subgenus-megachiloides-hymenoptera-megachilidae).
Como declara el propio investigador “it is my pleasure to name this species after Profesor Noam Chomsky for his many academic achievements and contributions as a linguist, philosopher, cognitive scientist, historian, political critic, activist and global champion of human rights and freedoms”. Quedándonos solo con la mitad científica de Chomsky (y sin dudar por un momento que igualmente pasaría a formar parte destacada de nuestra historia intelectual por la otra mitad), resulta emotivo para cualquier lingüista semejante reconocimiento. Pero este feliz y significativo homenaje tiene para mí una lectura adicional. Resulta sin duda interesante observar que el gesto viene desde el campo de la biología, habiendo sido Chomsky el principal impulsor del entroncamiento del estudio del lenguaje humano en el seno de las ciencias naturales y de la redefinición de nuestra disciplina como una parte central del estudio de la naturaleza humana con la metodología y presupuestos de la ciencia natural. Pero resulta más (irónicamente) interesante que el gesto venga de una rama taxonómica de la biología, habiendo sido Chomsky también el principal impulsor de que los lingüistas hayamos dejado de ver las lenguas como objetos que describir, analizar y clasificar, esto es, hayamos dejado de ser entomólogos de las lenguas y hayamos dado el mismo salto que los biólogos dieron cuando dejaron atrás la pura taxonomía (necesaria pero insuficiente, en biología y en lingüística) y se lanzaron, a través de la biología molecular, a la explicación de la naturaleza de la vida en términos de principios más básicos. La gramática generativa impulsada y desarrollada (hasta hoy mismo) por Noam Chomsky es en cierto modo el equivalente de la biología molecular que surgió cuando Sir Francis Crick, acompañado de James Watson, entró en el Eagle de Cambridge pidiendo una pinta para celebrar su modesto descubrimiento de la esencia de la vida.