El gigante Chomsky y la pequeña abeja


Somos legión los que pensamos que Noam Chomsky es no solo el lingüista vivo más importante, sino que es el el lingüista más relevante de la larga historia de nuestra disciplina. Nadie ha tenido nunca antes tanta influencia en cómo se ha desarrollado el estudio y el conocimiento del lenguaje humano, incluyendo aquí a los centenares de lingüistas que parecen motivados únicamente por demostrar que Chomsky no tiene siempre razón, cosa por otra parte evidente.
Este arranque de devoción y reconocimiento viene motivado por la reciente noticia de que un entomólogo canadiense, Cory Sheffield, ha bautizado como Megachile chomskyi a una nueva especie de abeja cortadora de hojas descrita en Texas (http://www.pensoft.net/journals/zookeys/article/4674/a-new-species-of-megachile-latreille-subgenus-megachiloides-hymenoptera-megachilidae).
Como declara el propio investigador “it is my pleasure to name this species after Profesor Noam Chomsky for his many academic achievements and contributions as a linguist, philosopher, cognitive scientist, historian, political critic, activist and global champion of human rights and freedoms”. Quedándonos solo con la mitad científica de Chomsky (y sin dudar por un momento que igualmente pasaría a formar parte destacada de nuestra historia intelectual por la otra mitad), resulta emotivo para cualquier lingüista semejante reconocimiento. Pero este feliz y significativo homenaje tiene para mí una lectura adicional. Resulta sin duda interesante observar que el gesto viene desde el campo de la biología, habiendo sido Chomsky el principal impulsor del entroncamiento del estudio del lenguaje humano en el seno de las ciencias naturales y de la redefinición de nuestra disciplina como una parte central del estudio de la naturaleza humana con la metodología y presupuestos de la ciencia natural. Pero resulta más (irónicamente) interesante que el gesto venga de una rama taxonómica de la biología, habiendo sido Chomsky también el principal impulsor de que los lingüistas hayamos dejado de ver las lenguas como objetos que describir, analizar y clasificar, esto es, hayamos dejado de ser entomólogos de las lenguas y hayamos dado el mismo salto que los biólogos dieron cuando dejaron atrás la pura taxonomía (necesaria pero insuficiente, en biología y en lingüística) y se lanzaron, a través de la biología molecular, a la explicación de la naturaleza de la vida en términos de principios más básicos. La gramática generativa impulsada y desarrollada (hasta hoy mismo) por Noam Chomsky es en cierto modo el equivalente de la biología molecular que surgió cuando Sir Francis Crick, acompañado de James Watson, entró en el Eagle de Cambridge pidiendo una pinta para celebrar su modesto descubrimiento de la esencia de la vida.

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