La denominada “lengua estándar”


El 25 de febrero hacía una temperatura buenísima en la calle. Dentro de la Sala de Juntas, calor. La profesora Martín Zorraquino llegó puntual a su cita, con un montón de fotocopias bajo el brazo que Alberto y yo nos apresuramos a repartir (coge una si quieres), mientras el dr. Val presentaba a nuestra invitada. Los que han sido alumnos de Maria Antonia entenderán bien el valor de ese momento. Anticipaba una charla exquisita, llena de información y de sentido del humor. Y, tras la ponencia, como siempre, el turno de preguntas. Creo que después de mucho discutir, me quedo con lo siguiente:

La denominada “lengua estándar” no es sino una variedad de una lengua natural. Ceñirnos a ella nos permite tener una mejor valoración social en determinados ámbitos y en general es útil para la intercomunicación entre los hablantes de las distintas variedades. Ahora bien, la lengua estándar es una variedad más, ni mejor ni peor en naturaleza que las demás. Quiero decir con esto que el que hable la denominada variedad estándar no utiliza una mejor herramienta para hacer circular su pensamiento. Utiliza exactamente la misma herramienta que el resto (su facultad del lenguaje). Así, del mismo modo que advertimos la igualdad en complejidad entre todas las lenguas humanas, advertimos la igualdad en complejidad entre todas las variedades de una lengua. Para los que todavía piensen que hay lenguas y variedades “mejores”, “más adaptadas” o “más adecuadas” que otras, les recomiendo leer el libro de Juan Carlos Moreno Cabrera, La dignidad e igualdad de las lenguas (mira aquí el índice). En general, no se trata más que de recordar, una vez más, la denominada “Hipótesis de la Uniformidad de las Lenguas” (ampliada a las variedades de las lenguas), tal y como nos la explica José Luis Mendívil en su artículo “El cambio lingüístico, la evolución del lenguaje y la hipótesis de la uniformidad de las lenguas“.

Por otra parte, no debemos olvidar que en determinados ámbitos, hablar la lengua estándar puede separar más que acercar, y puede ser una marca de desprestigio más que de prestigio. Y es que, en definitiva, las razones por las que algo acerca o distancia, o por las que algo hace más atractivo o menos a los demás son aleatorias, y dependen de factores múltiples, como el contexto de enunciación, la necesidad de sentirse reconocido y valorado o, simplemente, la moda.

En definitiva, me atrevo a aconsejar que se conozca la norma estándar, porque reconozco que es muy útil en muchos contextos, pero no porque sea superior a las demás. De hecho, en aquellos contextos en los que no sea útil, en las situaciones en las que la norma estándar no sea una buena herramienta de acercamiento entre las gentes, me atrevo a aconsejar que se elija otra modalidad (salvo si se es docente, claro, pues ahí la utilidad ha de ser más a largo plazo que a corto). Otro asunto distinto, y que en ocasiones se confunde con hablar la lengua estándar, es el conocimiento profundo de nuestra lengua. No revelo ningún secreto si afirmo que este conocimiento es crucial para la reflexión, pues tal y como tenemos diseñado nuestro cerebro, cuanto más puntillosos seamos en nuestro conocimiento de las palabras de una lengua, mejor podremos categorizar (y así conocer) el mundo de ahí fuera. Conozcamos en profundidad las lenguas y elijamos la variedad más adecuada para cada contexto.

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3 comentarios

  1. Querida Mamen:
    Precisa caracterización de lo estándar. Alguien en la RAE debería tomar nota. Mi comentario es el siguiente. ¿Realmente existe la lengua estándar? ¿Quiénes son sus hablantes nativos? Mi intuición es que lo que conocemos como lengua estándar no tiene hablantes nativos y en consonancia con ello no existe como lengua natural, sino como otra cosa, una especie de “koiné” politicosocioeconómica que se sustenta básicamente en las variedad escrita del español. En este sentido, la lengua estándar no solo no es “más” que otras variedades, sino que es “menos”, “mucho menos” que otras variedades. Se trata de animar un pequeño debate desde esta intuición…

  2. Gracias por la referencia, Mamen. No he leído el libro de Juan Carlos Moreno Cabrera, y quizá por eso tenga una opinión algo diferente sobre esta cuestión. Puse un comentario sobre algunas de estas cuestiones de las que se habló a raíz de la conferencia en mi blog: http://vanityfea.blogspot.com/2010/03/todas-las-lenguas-no-son-iguales.html
    ¡… contribuyendo al debate!

  3. Gracias a los dos por crear debate.
    Respecto a lo que dices, Norberto, sobre que no hay, en puridad, hablantes nativos de “lengua estándar”, supongo que tienes razón. No obstante, existe la percepción por parte de no pocos hablantes de ser “hablantes nativos de lengua estándar”. Incluso hablantes de variedades visiblemente alejadas de la norma estándar. Hasta el punto de que cuando les advierten de que alguno de sus usos es un “localismo” se asombran. Estoy segura de que si se hiciera una encuesta sociolingüística se vería que muchos hablantes tenemos esta errónea percepción de nuestra propia variedad de lengua materna.

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